En la habitación se respiraba un vapor denso que provenía de la bañera, situada en el centro del baño. La cálida luz de las velas repartidas armoniosamente por el espacio se reflejaba por las invisibles gotas del vapor, iluminando la estancia de una forma casi irreal, como en un sueño. Al respirar, un aroma a rosas te invadía el olfato, al principio podía pensarse que provenía de las velas, pero luego me di cuenta que, flotando deshojados sobre la superficie del agua caliente habían decenas de pétalos de rosas. Su rojo intenso destacaba sobre el blanco de la bañera, parecía como si quien las había dispuesto cuidadosa y delicadamente hubiese estado deshojando su corazón al mismo tiempo. Al acercarse, podía percibirse más claramente el aroma que desprendían, era como si todo se hubiese ordenado de manera perfecta, como si todo en la estancia estuviese aguardando la llegada de quien tenía que entrar en el agua, para que al sumergirse en ella limpiase todos los temores y las cargas que le impedían abrirse camino hacia la felicidad, como si los rojos pétalos fuesen los trocitos del un corazón que esperaba para aliviar y reconstruir las heridas del suyo propio, como si el aire perfumado fuese la fragancia de una nueva ilusión encontrada, como si el ambiente casi irreal de la estancia fuese al fin el despertar de un sueño hecho realidad, sumergidos en el agua en un abrazo eterno, entre pétalos de rosas.
A la caída de nuestra estrella.